‘La vía de la simplicidad’ de Ted Trainer

Jesús Pinto FreyreAdrián Santamaría Pérez, Sergio Martínez Botija y Juan Carlos Urquía Ferrera

Pese a que pueda parecer increíble, aún hay personas, a día de hoy, que son críticas con la sociedad actual y, aún más, algunas de ellas proponen alternativas. Frederick “Ted” Trainer podría ser considerado uno de los máximos exponentes de este último grupo. Es un activista, permacultor y autor australiano conocido, entre otras cosas, por pertenecer al grupo de “Divulgación del cénit del petróleo”, a grupos de transición a un mundo post-petróleo y al Simplicity Institute australiano. Una de sus obras más destacables es Renewable energy cannot sustain a consumer society (2007). También es autor de numerosos artículos que se pueden encontrar en su página web www.thesimplerway.info. En este texto consideramos su libro, La vía de la simplicidad, editada por Trotta en la colección “Estructuras y procesos” de la serie “Ciencias sociales”.

La vía de la simplicidad articula una respuesta ante varios hechos que, si no son, deberían ser sobradamente conocidos por los lectores que se acerquen a esta obra (y que suponen un inevitable escenario de multicrisis): una sociedad injusta, que ha chocado con los límites biofísicos del planeta, y que se encamina a la escasez generalizada. Dicha respuesta constata lo que está por venir, esto es, una sociedad más simple, lo que se traduce como la inversión de la dinámica general de las sociedades humanas en los últimos siglos. Cuando hablamos de simplicidad o complejidad de una sociedad no podemos perder de vista que no se está tratando con un único factor. Realmente, lo que hacemos es constatar una relación entre la cantidad de energía disponible y el grado de división del trabajo y especialización en una sociedad. Esta relación es de proporcionalidad directa. Ante un mundo sin petróleo la complejidad de la sociedad habrá de disminuir por necesidad, pese a los numerosos delirios de los transhumanistas.

Para que esto tenga lugar sin causar demasiado daño, hemos de optar como sociedad (aunque sin olvidar que ésta, a su vez, está compuesta de individuos) por un nivel de vida menos opulento, lo cual solo es posible en economías de pequeño tamaño y altamente autosuficientes, gestionadas por gobiernos locales, cooperativos, participativos… Con otras palabras, se trata de que las economías estén subordinadas al interés social y orientadas, por ello, a la satisfacción de necesidades individuales y sociales, y no a la maximización de beneficios. El ideal de desarrollo o progreso no tendría, por tanto, si lo abordamos desde el punto de vista que hoy día es hegemónico, el economicista; sino que debería ser concebido principalmente en un sentido moral, cultural y, sin lugar a dudas, personal. Ya no hablamos de un desarrollo incardinado en valores tales como la competitividad, el egoísmo, el individualismo, la codicia… En vez de ello, estaría subordinado a un ideal de autosuficiencia a todos los niveles (individual, doméstico, local, comarcal y nacional). Esto es lo que Ted Trainer califica como “Desarrollo Adecuado”.

Para ello toma como referentes la Revolución española anarquista de 1936, en la que en diez meses se desarrolló por completo un modelo de economía e industria autogestionado (y viable) en Cataluña; también los indios zapotecos, un grupo humano que convive al margen del sistema capitalista, exceptuando los momentos en los que es agredido por él. Otros ejemplos podrían ser la cooperativa Mondragón, el banco de Dakota del Norte, los movimientos permaculturales, de ecoaldea, neorrurales y, especialmente, los de las “localidades en transición”. No obstante, todas estas experiencias resultan ser insuficientes, dado que lo que más importa son las ideas y los valores subyacentes. Se trata de un auténtico cambio de nuestra Weltanschauung (cosmovisión).

En relación con este libro podemos atender, fundamentalmente, a dos cuestiones: el contenido del mismo y la labor de traducción y edición. Con respecto a la primera, hablaremos de él como una crítica reconocida (y en ocasiones velada) y como la presentación de una propuesta construida a partir de esa crítica. El autor parece dar más peso a la parte propositiva, lo cual es evidente si nos atenemos a la cantidad de páginas dedicadas a ello. Sin embargo, lo que en última instancia acaba cobrando más interés, es la parte crítica (y lo que de crítico tiene la propositiva). Podemos poner sobre la mesa tres razones al respecto: la primera tiene que ver con que una parte de la cuestión propositiva, siendo correcta, se plantea como recuperando ideas de movimientos que entroncan en la matriz anti-desarrollista y que luego somete a una lúcida revisión; no ofreciendo entonces nada demasiado novedoso. Se trata de una colección de propuestas ya presentadas con anterioridad, y probablemente constituye una de las mayores virtudes del libro, al ofrecer al lector interesado una exposición amplia y precisa del abanico de experiencias y alternativas.. Como segunda razón podríamos aducir que la parte propositiva per se (es decir, la propuesta de la Vía de la Simplicidad) hace referencia a un estadio excesivamente lejano como para resultar una guía totalmente fiable para nuestra acción. Resulta difícil concebir la transición (o probablemente transiciones) que sería necesaria para lograr todo esto. La tercera razón, y, a su vez, la que consideramos más importante, es que la parte crítica resulta ser un análisis extremadamente penetrante de los problemas de la sociedad actual y de nuestro modo de vida. Trainer señala las mayores adversidades que enfrentamos en nuestro tiempo y su relación con el modo de vida que llevamos. Nos deja sin excusas para mantenerlo y, con ello, imposibilita la indiferencia: es una llamada a la acción. En definitiva: mete (¡y bien que lo hace!) el dedo en la llaga.

Atendiendo a la labor de traducción y edición, es digno de celebración tan solo el hecho de que se haya efectuado -más aún habiéndose realizado de una forma tan cuidada y elaborada. Hay que tener presente que la traducción ha sido hecha en concordancia con y con conocimiento del autor y que la elección y empleo de determinados términos ha sido discutida con él mismo (como, por ejemplo, en el caso de “la Vía de la Simplicidad”). También cabría decir que las notas a pie de página añadidas por el traductor, Adrián Almazán Gómez[1], poseen la virtud de ser más que aclaratorias en más de un punto llegando a establecer un interesante debate con el texto original, ya sea explicando la ambigüedad de ciertos términos o poniendo asuntos en relación con otros que nos puedan resultar más cercanos y conocidos.

En síntesis, el libro de Trainer logra, en no más de cuatrocientas páginas, aunar buena parte de las críticas de los movimientos anti-desarrollistas y exponerlas de una forma sencilla y directa. Junto con ello, también hace una revisión crítica de varias experiencias de transición, además de exponer lo que es propiamente su propuesta de un mundo sostenible y justo. La vía de la simplicidad habrá de ser, por lo tanto, un texto indispensable para aquel que esté preocupado por el presente en el que vive y quiera contribuir a cambiarlo.

[1] Adrián Almazán es estudiante de doctorado en el plan “Filosofía y Ciencias del Lenguaje” de la Universidad Autónoma de Madrid, Departamento de Filosofía (Facultad de Filosofía y Letras). Sus intereses giran en torno al antidesarrollismo y a la crítica anti-industrial como herramientas para intentar salir de él.